
¿Conocías el verdadero origen pagano de las Pascuas? Cada año, mientras comemos los huevos de chocolate y vemos con ternura los conejitos de colores pastel, poc@s se preguntan de dónde vienen estas costumbres tan particulares. ¿Por qué un conejo trae huevos? ¿Qué tiene que ver todo esto con la Pascua cristiana? Y, más importante aún: ¿qué nos dice esto sobre nuestras raíces y las tradiciones que aún vibran en lo profundo, aunque ya no lo sepamos?
Ostara: el equinoccio de primavera
En las tradiciones paganas europeas, especialmente las germánicas y anglosajonas, el equinoccio de primavera era una festividad central en la Rueda del Año. Este ciclo, que sigue el ritmo de las estaciones, marca ocho celebraciones principales que conectan con los procesos naturales de la Tierra. Ostara, que se celebra alrededor del 20 al 23 de marzo en el hemisferio norte (y del 20 al 23 de septiembre en el sur), representa el equilibrio perfecto entre la luz y la oscuridad. A partir de este punto, los días comienzan a alargarse, y la vida renace después del letargo del invierno.
El nombre “Ostara” proviene de la diosa germánica Eostre, deidad de la primavera, la fertilidad y el renacer. De ella deriva también el término “Easter” en inglés. Eostre era representada con símbolos asociados a la fertilidad: huevos, liebres, flores frescas y la energía expansiva de la vida que brota.
¿Y el conejo?
La liebre, y por extensión el conejo, era uno de los animales sagrados de Eostre. Asociado con la luna, la fertilidad y los ciclos naturales, este animal fue adoptado como símbolo del renacimiento y la abundancia. Las liebres tienen una alta capacidad reproductiva, y por eso son emblemas de vida nueva y creación. En muchas leyendas, se decía que el conejo ponía huevos mágicos durante el equinoccio, como un regalo de la diosa.
Cuando el cristianismo se expandió por Europa, muchas de las celebraciones que le dan origen pagano a las Pascuas fueron absorbidas y resignificadas. En vez de prohibirse, se adaptaron. Así, el equinoccio de primavera se volvió la Pascua cristiana, que celebra la resurrección de Cristo, otro símbolo poderoso de renacimiento. Pero los elementos anteriores —el huevo y el conejo— quedaron flotando en el imaginario colectivo y se mantuvieron como vestigios paganos disfrazados de folklore.
El huevo de Pascua: símbolo de vida eterna
Mucho antes de que existiera el chocolate, los huevos eran decorados y regalados como ofrendas en las celebraciones primaverales. El huevo simboliza el origen de la vida, el misterio de la creación, la promesa de algo que aún no se ve, pero que está gestándose. Culturas antiguas como la egipcia, la persa y la griega también celebraban el equinoccio con huevos pintados, muchas veces en rojo, representando la sangre y el fuego vital.
En el cristianismo, el huevo se resignifica como símbolo de la tumba vacía de Jesús, de donde emerge la vida nueva. Pero su raíz como emblema pagano de fertilidad y esperanza es mucho más antigua y, quizás, más visceral.
La rueda gira, y gira, y gira
Reconocer estos orígenes no significa rechazar las nuevas costumbres, sino entender que muchas tradiciones modernas tienen capas y capas de historia. La Pascua, tal como la conocemos hoy, es un sincretismo: una mezcla de símbolos ancestrales, rituales agrícolas, mitos lunares, y creencias espirituales adaptadas a distintas épocas.
Al volver a conectar con la rueda del año, con las estaciones y sus ritmos, empezamos a descubrir que nuestra espiritualidad no necesita estar en conflicto con la naturaleza, ya que somos seres cíclicos, creativos, vinculados a la Tierra.

La Rueda del Año consta de ocho sabbats o festividades anuales en las que honramos la conexión con la naturaleza y el ciclo de la vida. Podés encontrar inspiración e ideas en este tablero de Pinterest.


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