
En las profundidades del Cercano Oriente, mucho antes de que el monoteísmo estricto redefiniera el mapa religioso de la región, el panteón semita honraba a una deidad suprema que encarnaba la fertilidad, el mar, la noche y los ciclos de la vegetación: Asherá (también conocida como Athirat, Aserá o su forma desfigurada bíblica, Astoret).
Identificada progresivamente con la Luna, la luz de las estrellas y las aguas primordiales, Asherá no fue una deidad menor. Durante siglos figuró como la Progenitora de los Dioses y la esposa de El (la divinidad suprema cananea), llegando a compartir espacio ritual y teológico dentro del propio culto israelita temprano.
De Athirat a Astoret: Evolución y desfiguración de un nombre
La historia de Asherá es la historia de una transformación lingüística y teológica a lo largo de milenios:
- Edad de Bronce (Textos de Ugarit y Mari): En las tablillas de Ras Shamra (siglo XIV a. C.), la diosa aparece bajo el nombre de Athirat o ‘Atrt. Allí es llamada «Señora Asherá del Mar» y la «madre de todos los dioses» (incluido Baal). Es la matriarca divina, protectora del orden y la abundancia.
- Edad de Hierro (Canaán y Fenicia): Con el paso de los siglos y la reorganización de los panteones fenicios y sidonios, su figura convergió y se superpuso con la de Astarté (la Ishtar mesopotámica), pasando a regir el amor sexual, la vegetación y los astros nocturnos.
- La alteración rabínica (Astoret): En el texto hebreo de la Biblia, la diosa es denominada Astoret (en plural, Astarot). Los redactores bíblicos tomaron el consonante del nombre original (‘Astart) e insertaron deliberadamente las vocales de la palabra hebrea boset (bōšeṯ, que significa «vergüenza»). Esta modificación vocalizadora buscaba estigmatizar y desprestigiar su culto ante la comunidad.
El culto a la «Reina de los Cielos» y la devoción familiar
A diferencia de los cultos estatales o militares, la veneración a Asherá/Astoret poseía un carácter íntimo, doméstico y comunitario. Como se registra en pasajes críticos como el del profeta Jeremías (Jeremías 44:17-19), la diosa era invocada bajo el título de la «Reina de los Cielos». Esta era una clara alusión a su dominio sobre la Luna y las luminarias nocturnas.
Los ritos no estaban reservados exclusivamente a una casta sacerdotal, sino que participaba la familia entera en una suerte de devoción cotidiana:
- Los niños salían a las calles a recoger leña.
- Los padres encendían el fuego ritual en los hogares.
- Las mujeres amasaban y horneaban tortas sacramentales con la silueta de la diosa (kawwanim). Al mismo tiempo que realizaban libaciones de vino y quemaban incienso bajo la noche estrellada.
Para la población cananea e israelita de la época, rendir culto a la Reina de los Cielos garantizaba el alimento, la salud en los partos y la prosperidad en las cosechas.
Iconografía: Los postes sagrados (asherim) y la fertilidad de la tierra
Una de las características más singulares de la diosa era su vínculo con la naturaleza arbórea. Su presencia no requería necesariamente de elaborados templos de piedra. Bastaba con plantar una estaca de madera o un tronco de árbol pulido junto a los altares, elemento conocido directamente como un asherah (en plural, asherim).
- El Árbol de la Vida: Como diosa de la vegetación y la nutrición, el árbol representaba su cuerpo vivo. La madera sembrada en la tierra simbolizaba el eje entre el inframundo, el suelo fértil y el cielo estrellado.
- Figurillas de terracota: Entre los hallazgos arqueológicos del Levante mediterráneo abundan pequeñas estatuillas de arcilla que representan a una mujer sosteniendo sus pechos, enfatizando su rol de madre nutricia y fuente de vida.
De la convivencia al borrado: La Reforma de Josías
Durante un largo periodo histórico, el culto a Yahvé y el culto a Asherá coexistieron en el territorio de Israel y Judá. Inscripciones arqueológicas célebres como las de Kuntillet ‘Ajrud (siglo VIII a. C.) citan bendiciones dedicadas a «Yahvé y su Asherá». Esto demuestra que para ciertos sectores de la población la diosa era vista como la contraparte o consorte divina.
Sin embargo, a finales del siglo VII a. C., la consolidación del monoteísmo estricto bajo el rey Josías transformó radicalmente el paisaje religioso. Con la llamada Reforma Deuteronomista (registrada en 2 Reyes 23):
- Se prohibió la veneración de deidades secundarias o consortes.
- Se destruyeron y quemaron los asherim (postes sagrados) del Templo de Jerusalén.
- Se erradicó la elaboración de tortas a la Reina de los Cielos, expulsando a Asherá del culto formal para construir una identidad nacional e ideológica unificada.
El arquetipo de Asherá: La Gran Madre denegada
En el análisis de la mitología comparada y la psicología arquetípica, Asherá representa el arquetipo de la Gran Madre Divina. Se trata de una figura que integra la tierra fértil, la luz nocturna de la Luna y la sabiduría cósmica. Su paulatina demonización —que siglos más tarde derivaría en la transformación del nombre Astaroth en un demonio de la literatura esotérica medieval— refleja el proceso histórico mediante el cual los cultos lunares y matristas del Mediterráneo fueron desplazados por estructuras patriarcales.
Reconocer a Asherá es redescubrir el rostro femenino de la divinidad en el Cercano Oriente. Es la diosa que alimentaba a los suyos bajo la luz plateada de la noche y cuya memoria sobrevivió grabada en la madera y la piedra.
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