Brujas en el cine: arquetipos, estigmas y nuevas miradas

Películas sobre brujas

Las brujas siempre ocuparon un lugar particular en el imaginario colectivo. A lo largo de los siglos fueron temidas, ridiculizadas, perseguidas o convertidas en símbolo de sabiduría oculta. El cine, como espejo cultural, tomó estos arquetipos y los amplificó, creando películas sobre brujas que influyeron en cómo entendemos hoy la figura de la bruja, la hechicera y la sanadora. En la pantalla grande conviven versiones que demonizan, romantizan o reivindican estos personajes, y el contraste entre ellas revela mucho sobre las tensiones sociales que atraviesan nuestra historia.

las Primeras películas sobre brujas

Las primeras representaciones cinematográficas solían reproducir el estigma heredado de los relatos medievales: la bruja como amenaza, como figura ligada al mal y al peligro. Películas expresionistas, historias de terror clásico y adaptaciones de cuentos populares reforzaron la asociación entre brujería y transgresión. Estas narrativas recuperaban la idea de que el conocimiento no autorizado —especialmente el conocimiento sobre el cuerpo y la naturaleza— era un riesgo para el orden social. En ese sentido, el cine funcionó como continuación de una larga tradición de desconfianza hacia las prácticas populares de sanación.

El cine mudo y el expresionismo alemán aportaron imágenes icónicas, como Häxan (1922), un pseudo-documental que combina recreaciones históricas con escenas de tortura y pactos demoníacos, reforzando la idea de la brujería como desviación moral. Más adelante, el terror clásico retomó esta lógica con relatos donde la hechicería era sinónimo de corrupción o maleficio, como Black Sunday (1960), que presenta a la bruja como encarnación literal del mal, o adaptaciones de cuentos populares al estilo de Blancanieves y los siete enanitos (1937), donde la “bruja” aparece como antagonista arquetípica.

Brujas en el cine del siglo XX

A partir de la segunda mitad del siglo XX, las representaciones empezaron a mostrar matices más complejos. La bruja dejó de ser solo amenaza para convertirse en figura ambigua o incluso protagonista. En los años sesenta y setenta, películas como Bell, Book and Candle (1958) o la icónica Rosemary’s Baby (1968) retomaron el tema desde nuevas tensiones: el miedo ya no era únicamente a la “bruja” en sí, sino a las estructuras de control que operan sobre el cuerpo y la autonomía. Poco después, Suspiria (1977) llevó la brujería hacia el terreno del horror estilizado, resignificando la figura como un poder oculto que se mueve entre la tradición y la transgresión. En paralelo, la cultura popular abrió espacio a versiones más luminosas o lúdicas: Bewitched en televisión, o The Witches (1990) como adaptación infantil, mostraron que la bruja podía ser tanto aliada como amenaza, según la mirada del relato.

Estas nuevas narrativas comenzaron a correr el foco del castigo para explorar temas como el deseo, el poder personal y la disidencia frente a las normas sociales. La bruja pasó a ser metáfora de autonomía, conocimiento propio y resistencia cultural. Y aunque muchas películas seguían reproduciendo clichés demonizantes, se empezó a gestar una transición hacia representaciones más conscientes del trasfondo histórico que marcó la persecución de sanadoras y herbolarias. El cine abrió, así, la posibilidad de releer la figura de la bruja desde el empoderamiento y la memoria, preparando el terreno para las reinterpretaciones más reivindicatorias del cine contemporáneo.

Brujería en el cine contemporáneo

El cine contemporáneo amplió aún más este espectro. Hoy es posible encontrar brujas en todo tipo de géneros: historias familiares que las muestran como guías o protectoras; comedias que juegan con el estereotipo para desarmarlo; dramas históricos que revisan las cacerías de brujas con una mirada crítica; y películas de terror que exploran lo oculto, pero desde una perspectiva donde la amenaza surge más de la sociedad que de la propia bruja. En muchos casos, las protagonistas ya no son caricaturas, sino figuras complejas que encarnan deseos, miedos, contradicciones y formas de resistencia.

Estas narrativas dialogan con un proceso cultural más amplio: la recuperación de la bruja como símbolo de intuición, conocimiento ancestral y conexión con lo natural. Algunas películas se animan a mostrar a las sanadoras del pasado como personas que trabajaban con plantas, acompañaban nacimientos o entendían el cuerpo desde una visión más holística. En esas historias, la figura de la bruja deja de ser monstruosa para convertirse en un puente con tradiciones que fueron desplazadas por políticas de control, religiones institucionalizadas o modelos médicos que desacreditaron saberes comunitarios.

Para terminar

En este recorrido cinematográfico se pueden observar tensiones estéticas, sociales y simbólicas que siguen vigentes. La bruja puede aparecer como amenaza o como refugio; como destructora o como cuidadora; como entidad sobrenatural o como figura histórica cargada de sentidos. Todas estas versiones conviven y dialogan entre sí, y cada película suma una capa a ese imaginario colectivo en constante transformación.

Para quienes quieran explorar estas representaciones con mayor profundidad, comparto más abajo una lista en Letterboxd con más de 200 películas donde las brujas ocupan un rol relevante en la trama. Es un recorrido diverso, que invita a pensar cómo cada época reescribió sus propios miedos y deseos a través de estas figuras que, desde hace siglos, siguen encendiendo la imaginación.

Otros artículos sobre ocultismo que podrían interesarte

Dejá un comentario

Descubre más desde Regia Centaura

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Recibí el newsletter semanal de Regia Centaura con horóscopos gratuitos, beneficios y regalos exclusivos.

↓ Continuar al artículo ↓